"Adiós y buena suerte" por Guillermo González y Jose Servera

Estimado lector,

Esta introducción no es una introducción al uso. Se trata más bien de una carta de despedida de los arriba firmantes. Si eres suscriptor y acabas de recibir la revista sabes bien a qué nos referimos (a no ser que el e-mail que te mandamos hace unas semanas terminara en la bandeja de spam): Guillermo González, por una parte, y Jose Servera, por otra, hemos decidido poner punto y final a nuestra etapa en Criminología y Justicia.

Desde 2011 hemos estado trabajando de forma ininterrumpida en este proyecto de creación de contenidos criminológicos que tantas alegrías nos ha dado, pero que por diversos motivos ha terminado por dejarnos tan agotados que, siendo sinceros, incluso escribir estas líneas supone una carga demasiado pesada. Ha llegado la hora de cerrar una etapa a la que no daremos una segunda oportunidad. Lo hacemos con mucha tristeza, pero a la vez con la absoluta convicción de que es lo que debemos y lo que queremos hacer.

¿Por qué abandonar un proyecto que es relativamente jóven y que se encontraba en pleno crecimiento? Muchas son las razones que nos han llevado a tomar la decisión, que van desde lo más personal de cada uno de nosotros hasta las razones estrictamente profesionales. Dado que las personales son precisamente eso, personales, nos las guardaremos en nuestro sarcófago secreto, pero de las que sí podemos hablar son en todo caso las profesionales. Ahí van unas cuantas:

  • En más de una ocasión hemos mencionado el problema de la viabilidad económica para poder conseguir que un proyecto como este salga adelante. Si se desea realizar una labor como la nuestra con el rigor requerido, hace falta dedicarle mucho tiempo. Para poder dedicar ese tiempo, hace falta dinero, que o bien se obtiene por otras vías, o bien se obtiene de forma directa a través del proyecto. A pesar de que durante el último año gracias a las aportaciones de los suscriptores nuestros ingresos habían aumentado, los beneficios totales siguen estando demasiado lejos de hacer que este proyecto, con la dedicación que necesita, pueda ser mínimamente viable. En el escenario más optimista esa situación de viabilidad se podría llegar a dar a tres años vista. ¿Podemos dedicar tres años más a este nivel sin percibir apenas beneficios? La respuesta es que no, a no ser que nos toque la quiniela.
  • Hemos dejado de sentirnos identificados con el proyecto en sí. Sabemos que esto suena un poco a renegar de todo lo hecho durante estos seis años, pero en absoluto es así. Podría hacerse un paralelismo con alguno de esos grupos de música que, a pesar de estar orgullosos del tipo de música que crearon en sus primeros discos, apuestan por dar un giro de 360 grados a su estilo musical. En nuestro caso, estamos muy satisfechos de los discos de Criminología y Justicia, pero no tenemos ganas de seguir tocando los mismos hits una y otra vez, aunque eso signifique que debamos empezar nuestras respectivas carreras casi de cero.
  • Incomodar no allana precisamente el camino. Probablemente si algo hemos procurado desde nuestros orígenes ha sido mantener una independencia tal que se garantizara la libertad para poder hacer crítica sin que pudiera haber institución alguna que censurara nuestra opinión. Porque CyJ no ha sido solo un espacio de divulgación científica, sino también un lugar donde tanto criminólogos como interesados en el ámbito pudieran expresar sus opiniones en torno a aspectos que afectaban a nuestra disciplina. Es por ello que no dudamos en denunciar la irresponsabilidad de la implantación del grado de seguridad de la UB; es por ello que nos unimos a la lucha contra la decisión de la universidad Camilo José Cela de implantar el grado 3+2 sin procurar un consenso con el resto de universidades; es por ello que se ha denunciado reiteradamente el clasismo académico que desafortunadamente abunda en España; es por ello que se ha hecho crítica a la tendencia a la lobbización de algunas instituciones y asociaciones de ámbito criminológico. Por todo lo anterior es evidente que no nos hemos caracterizado por hacer grandes amistades durante todo este tiempo, o por lo menos no por hacer ese tipo de amistades que quizá hubieran servido para hacer que este proyecto fuera sostenible. Pero precisamente no haber actuado como lo hemos hecho durante estos años, no dar voz o no hablar por miedo a la represalia hubiera sido renunciar a la identidad de CyJ.

Ambos teníamos claro cuál era el motor emocional de este proyecto: Un espacio para todas y para todos donde aquellas personas del mundo de la Criminología y afines pudieran crear conocimiento más allá de la universidad, pero sin renunciar a ella; Ser independientes, pero a vuestro lado. Nos llenaba de ilusión animar al debate y el análisis no solo desde la teoría criminológica, sino desde la política, hablando de Criminología Crítica y de Criminología desde una perspectiva feminista. Aunque nos gustaba la idea de crear un periodismo de criminólogos/as para criminólogos/as, las circunstancias y el día a día ha llevado nuestra (tu) publicación al formato de journal académico. Es un modelo de revista cuya viabilidad, como se ha dicho antes, requiere de algo más que fuerza o voluntad, pues entran en juego factores económicos insostenibles.

Hemos querido -queremos pensar que con éxito- acercar a las personas del mundo académico con todas aquellas personas egresadas que luchan por visibilizar la Criminología y que hacen la Criminología desde las calles, las oficinas, las ONGs, es decir, de quienes han salido de su zona de confort. Queríamos acercarnos a otras disciplinas y nutrirnos de ellas aún más, y mandaros el mensaje de que, con paciencia y tesón, sí que se puede poner en valor la Criminología lejos de las torres de marfil y de las atalayas en las que pensamos que debe hacerse.

A lo largo de estos años, tanto Jose como Guillermo hemos tenido la suerte de toparnos con un criminólogo camarero capaz de asistir con eficacia a víctimas del menudeo de drogas, a una zapatera afianzar su profesionalidad hasta ser hábil para formar a policías en seguridad vial, a un joven en paro asesorando a inmigrantes a las puertas de los juzgados, a una mujer creando congresos sin apenas apoyo económico para concienciar sobre un nuevo modo de hacer justicia, y a, por lo menos, una docena más de personas que luchan por construir su futuro fuera de la universidad dando digno uso a su auténtico oficio: ser criminólogos/as. CyJ quería darles a estas personas el escenario, la estructura y la infraestructura donde mostrar y apoyar su labor.

Así pues, tienes en tus manos el último número de Criminología y Justicia Refurbished, un número del cual podrás intuir su temática a partir de la portada. Te invitamos a que te introduzcas en la lectura de los cuatro artículos contenidos en la misma, escritos por Rebeca Cordero, Natalia Pol Mejías, Helena García y Marcos Torres. Queremos agradecer sinceramente la confianza de la que se nos ha hecho garantes durante estos seis años en los que hemos compartido experiencias con tanta gente.

Adiós, y buena suerte.

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